Hay que tener palabra
En fin, no es la primera vez que escribo una historia a petición de alguno de los que me leeís o conoceís. Esta vez fui yo el que dije a cierta dama que le escribiría una historia. Va por ti.
A Pepiño aquella tarde no se le pasaba por la cabeza que iba tener que replantearse ciertas ideas solo esgrimidas por su persona, y no secundadas por nadie de su entorno más cercano.
Visto desde fuera podría interpretarse a Pepiño como una persona demasiado extraña. Una mezcla entre friki reprimido, un loco potencialmente violento, un ser bastante asocial. Sin embargo un puto genio... un tío con una visión que nadie más tiene y una imaginación mágica...¿cómo se come eso?. Me imagino que estará catalogado como alguna enfermedad siquiátrica...pero que coño, sabeis que os digo Ójala hubiera más locos como él.
Era una tarde de viernes. Ese dia Pepiño y su amigo Thor habían quedado para salir a tomar unas cervezas en los bares de la zona centro Tribunal-Malasaña. Thor vive y trabaja por esa zona. Pepiño no, pero no le importa quedar en el centro. En realidad le gusta el rollo de bares de la zona, lo que no le gusta es el tipo de gente que pulula por doquier. Amigo Pepiño. Por esos sitios es lo que hay.
Pepiño acude al piso de su colega. Thor está en el sofá tirado y más machacado que los de supervivientes. Está medio malo y no pinta la cosa muy bien. Es probable que Pepiño tuviera que buscarse la fiesta el solo, aunque a Pepiño como que realmente eso se lo trae al pairo.
Durante un largo rato ambos colegas permanecieron tirados en el salón viendo series de pago en el pantallón de plasma. La magia del HD como sustitutivo a la realidad social.
Pepiño consiguió que su colega Thor optase por mover el culo y salir a tomar algo de modo reposado. Dadas las circunstancias no había nada que objetar.
Bajaron por la peatonalizada Fuencarral en dirección Sol. La escena podría asimilarse a cuando Harrison Ford atravesaba a duras penas las calles de Los Angeles en Blade Runner. Habría que matizar que no llueve y que no hay replicantes por Fuencarral...ehmmm. Retiro esto último.
Veinte minutos más tarde llegaron a su destino: La Bardemcilla de Santa Ana. Allí les recibiría su amiguete Juanjo. Cubatita por aquí, cubatita por allá y jiji y jaja.
Llegaron unas clientas al sitio y como quien no quiere la cosa surge la conversación y aquello acaba siendo un monologo de porqué Pepiño es como es y todo eso. A Pepiño la situación le resultaba molesta, máxime cuando le hablaban mujeres, aspecto al que había renunciado hacía tiempo por no convertirse en un serial killer (me refiero al hecho de hablar con seres del género femenino, por lo visto aún es legal en este país).
De repente y no se sabe muy bien como. Pepiño se enrolla con una de las dos clientas y la expresión de concentración conspiranoica cambia a una medio sonrisa y el que se supone uno de los seres más asociales que existen supuestamente se transforma en una especie de ¿persona? sensible. Querido Pepiño. Si no te extirpas los testículos estas cosas te pueden pasar.
El caso es que se quedaron de magreo durante el resto de la noche. Hasta ahí todo normal. Sin embargo, al dia siguiente, tras un momento de lucidez post-resaca Pepiño se dio cuenta de la disyuntiva. Su mundo, su genio, lo que le convertía en diferente y que cambiaría el mundo podía perderse si se transformaba en un ser social...llegamos al momento cumbre...¿qué creeís que decidió nuestro protagonista?. ¿Tranformarse en un ser más o pagar el precio y vivir la soledad de los elegidos?.
Decidas lo que decidas siempre serás un número uno Pepiño. Se feliz. Como sea y donde sea.
Buenas noches.
Será la edad.
