Think blue
Aquella aciaga noche Marco experimentaba una de sus ya más que habituales borracheras de fin de semana. Alcohol para ahogar las penas o para evadirse de una realidad insustancial e inasumible.
Marco peinaba ya casi los cuarenta y tenía la sensación, más bien la certeza de que su existencia estaba abocada a la soledad y el anonimato mismo. Lógicamente nuestro prota no destacaba precisamente por su alegría.
Marco vivía con sus papis en un humilde piso de barrio obrero. Su mundo lo conformaba su minúscula habitación y sus libros, la única cosa en su vida que merecía la pena.
Hombre, yo como autor no le puedo decir al protagonista que se suicide o monte una matanza colectiva de todos los gilipollas que conforman su vivir diario, pero ganas no me faltan...hay que ser solidario.
Sigamos. Llega un fin de semana como otro cualquiera y Marco apuraba a ritmo cutre de reggeton su cubata brugal con schweppes (¿se escribe así?) limón en el garito refugio de pin y pones, tanguísimas superlativos y toda jauría de seres que buscan lo que no tienen, hablan por hablar y viven por vivir.
Marco se situaba siempre que le era posible en una esquina de la barra de aquel infumable garito. Ni molestaba ni le gustaba que le molestasen. Así de claro.
Damos por supuesto que en el tema de pillar cacho cero patatero, por tanto el chico no era precisamente un cenutrio metrosexual, aunque tampoco creo yo que hubiese cambiado mucho la historia..
Esa noche había fiesta Brugal o alguna mierda parecida. Básicamente, salen dos niñas de escasos réditos neuronales a incitarte al consumo del pelotazo, para luego darte de regalo un puto boli, una cosa que da luz y excepto Stallone en la tercera parte de Rambo usó o un llavero con un huevo...si...mercancía de tienda de chinos pero con el sello de la marca de ron. Guay.
Una de las dos fisico-nucleares vió a nuestro amado (es un decir) Marco dándole candela al ron. Se acercó a su altura y le soltó el rollo de promoción etc, etc. Marco permaneció impasible con la mirada fija en el vaso que reflejaba los turgentes melones asiliconados de la promotora. De piedra no somos eso está claro.
Mientras la pechugona con una mano le ofrecía una camiseta y le plantaba literalemente los melones en la cara para atraer su atención con la otra mano muy disimuladamente le echaba un par de pastillas para que segundos más tarde retirarse de la vera de Marco.
A Marco no le sorprendió en absoluto la forma de proceder de la plastificada. La consideraba una calientabraguetas y punto pelota. Siguió tomando su pelotazo y a su rollo.
Al rato Marco comenzó a experimentar un extraño mareo. Salió entonces a tomar un poco el aire para ver si mejoraba. Ya en la calle empezó a sentir nauseas. Se retiró un poco de la presencia de la gente y se puso a vomitar entre dos coches. Tras la copiosa y abundante vomitona. Se apoyó en uno de las coches para recobrar fuerzas.
Pasaron unos interminables minutos en los que el mundo giraba a toda pastilla. Marco se agarró al capo mientras maldecía y se cagaba en la puta estampa del rey, los políticos, los jueces y la plantilla del Atletí, más o menos por ese orden.
De repente el mareo y el malestar desaparecieron. Marco alucinaba. Encojió los hombros y pensó que al vomitar se había pasado el mal trago. Se incorporó. Dio dos pasos al frente y todo se puso negro...
Marco abrió los ojos. Del negro empezó a formarse una luz. Después comenzó a divisar las formas y estructura. Se encontraba en la habitación de un hospital. A su lado estaba una ¿señora? conectada con más tubos que la conexión de adsl de mi vecino.
Al poco apareció una enfermera y le enfocó con una linterna a los ojos. El gesto con el dedo índice de Marco le dejó claro que había recobrado la consciencia.
La enfermera siguió examinándolo a pesar de que Marco balbuceaba que quería el alta voluntaria, que odiaba las enfermeras con más bigote que él y cosas de naturaleza entrañable para el diccionario de exabruptos.
Al poco entró un medico con una bata penosa y una especie de pijama verde que ni portan hoy dia los servicios de limpieza. El médico parecía Di Caprio cuando no tenía esa papada superlativa y parecía hasta majete.
El galeno le hizo una serie de preguntas sobre si era consumidor habitual de drogas. Dado que en los análisis de sangre aparecían restos de extasis a lo cual después de mandarle a tomar por saco al matasanos le explicó que era borracho no drogadicto. Si señor. Marco haciendo amigos es único.
Al retirarse el médico Marco oyó un sonoro "que te jodan" . Marco entonces respondió "que te jodan a ti". El médico se volvió con cara de sorpresa y le dijo que él no le había insultado. Marco hizo un gesto despectivo y se giró en la cama pasando del médico y gritándole que quería su ropa y firmar el alta voluntaria.
Pasó cerca de media hora. Aparecieron un par de enfermeras con el alta voluntaria. Desaconsejaron que hiciese tal cosa y le exlicaron que legalmente la firma del papel les eximía de cualquier responsabilidad que pudiese derivarse de algun supuesto empeoramiento a posteriori.
Firmó el alta, se vistió y salió de allí cagando leches. Cojió el primer taxi que encontró.
Le dijo la calle a la que tenía que dirigirse y se recostó en el asiento.
Marco oyó de repente como oía erfectamente la voz del taxista que se quejaba de que solo recojía a drogadictos. Marco hubiera montado el pollo de manera inminente de no ser por un detalle: el taxista no había movido los labios en absoluto.
Marco un tanto desconcertado y sin dar mucho crédito a lo que estaba experimentando decidió probar preguntándole que porque ponía la COPE en el taxi. El taxista le empezó a hablar de patriotadas, socialitas de poca monta, el real Madrid y cosas así. Luego se calló y fue entonces cuando de nuevo escuchó al taxista hablar en voz alta sin mover los labios el taxista dijo: "Con Franco se vivía mejor".
Aparte el miedo escénico que produjo la frase en Marco (como para no asustarse, oiga), fue el primer instante en su vida que fue plenamente consciente de que podía escuchar los pensamientos negativos de sus interlocutores.
Pasaron los dias y Marco escuchaba todo tipo de pensamientos desagradables: la infelicidad, la desesperanza, el miedo, la envidia...
Marco pasó un larguísimo tiempo encerrado en su habitación sumido en la más absoluta de las tristezas. No existía consuelo para él. Todos los pensamientos con los que se encontraba eran negativos.
Un día Marco estaba solo en el piso. Sus padres habían ido a consulta médica. Marco mientras esperaba la llegada de los técnicos revisores del gas. Sonó el timbre y Marco abrió la puerta.
Al otro lado una chica con una hermosa sonrisa sostenía una carpetita azul. En ese momento Marco miró a los ojos a la chica y supo que existían pensamientos positivos y que la vida era hermosa. Impulsivamente agarró a la chica y la beso con apasionamiento. El sabía lo que ella pensaba pero no sabía si lo aceptaría. A veces las cosas no son lógicas, simplemente son mágicas.
Salud Marco. Sé Feliz.
Será la Edad.


pepechu dijo
No siempre gana la oscuridad.
4 Junio 2011 | 01:19 PM