El ataque de la bicha radiactiva
¡Que semanita!, ¡por Dios bendito!, amén. Si no hubiese tenido bastante con la horterada megapegajosa ultraanacrónica y ante todo carente de sentido en una sociedad como esta (véase San Valentin 2010), me encuentro con un duro revés de difícil afronte. Si. De esas que te vienen de frente como cuando se te bloquea la dirección del coche y ves que al fondo tienes un muro adoquinado en exceso de proporciones sobrenaturales. Lo lógico es que intentases parar el coche, tirarte en marcha o releches similares. Si el resultado no fuese óptimo como último recurso encomendarse a los altos poderes. Pues no. Ni por esas.
Supongo que os acordareis de mi amigo Thor (véase tarde de compras en el centro). Pues hasta esa semana era mi "amigo del alma". Buena gente. Para echarse unas risas, ir de bares, cines y trastadas que, a medida que se cumplen los años van siendo menos, pero que ser son y estar, están.
Todo muy hermoso hasta aquí, pero la tormenta se avecinaba y yo no sabía o no quise (más bien) darme cuenta de la que me venía encima: la bicha radiactiva.
El amigüete fue hace años noviete de la bicha. El tío se portó mal con ella y la cosa acabó. El por un lado y ella a cargar los generadores de las centrales nucleares de la estepa española, que no se a que viene tanto alboroto con las centrales nucleares en los pueblos de la geografía rural cuando el peligro viene ya de atrás con estas bichas.
Por la cosa del destino hace poco la bicha y el amigo quedaron en verse. Imaginaros el resto: el gilipollas del niño se me ha enamorado como un adolescente pajillero ante su primer amor, emmmm... bueno, pajillero sigue siendo así que lo dejaremos en su primer amor.
Que bonito dirá alguna sempiterna romántica lectora. Los cojones treinta y tres. Si quieres bonito te compras un pack de tres latas. Horteras que sois unas horteras.
Si. Estoy agresivo. Mordiente. Cabreado. Encorajinado. Iracundo. De mala leche, vamos. ¿Por qué?. Joder. ¿No resulta obvio?. Está bien. Me explicaré:
Todos esos buenos momentos de cachondeo de disfrute, de regocijo, de vivencia de experiencia positiva me los ha quitado la maldita bicha. Me ha quitado a mi amigo. Suena sentencioso, incluso para ponerlo en el epitafio de una lápida. Claro, el otro con tal de darse alegría para el cuerpo, pues los demás que les den por donde la espalda pierde su casto nombre y eso no es así, amigo. No. No se puede pasar del azul al verde radiactivo de la noche a la mañana por mucho que te gusten los comics de" la masa" y los putos "gusilú".
Esta bicha trabaja con radiaciones diariamente. Ella está inmunizada porque viene de otra galaxia más perdida que House en los 100 metros lisos, pero el amigo no. Me lo va a desgraciar, le va a destruir la poca salud que le queda. Va a pasar de tener una picha fluorescente tipo Skywalker a caérsele el cuerpo a trozos y trabajar de extra en Rec 3. No lo puedo consentir.
Cuando me enteré monté en colera. Le monté el pollo en plena calle al colega. Nada. El enchochado niño ni me hizo caso. ¡Cago en el copón!. Pues no me quedé quieto. Fui al restaurante donde curra y solté mi opinión. ¿Qué creeis que me encontré?. Apoyo incondicional para el otro y para mí que me busque la vida. Pues yo no sé ellos, pero yo me andaría con cuidado que en esos sitios hay muchas cosas inflamables y los incendios están a la orden del dia. Que no es una amenaza, hombre, es un aviso desde el cariño profundo, del amor sincero, que hoy estás vivo y al dia siguiente más quemado que un funcionario de prisiones.
Seguí con mi búsqueda de apoyos o por lo menos en su defecto cierta complicidad o comprensión para mi persona. Cero patatero. Es la desgracia de tener un amigo que le cae bien a todo el mundo. Por otro lado, algunos y algunas disfrutan del elixir de verme apeado de la amistad de Thor de manera tan cruel.
Los íntimos colegas (ya no tanto después de sus afirmaciones categóricas) me dicen que si soy verdadero amigo, me debería alegrar por él y desear su felicidad. Que es ley de vida y no se acaba el mundo. Habrase visto semejante despropósito desproporcionado.
Y las compañeras de curro del amigo. Uy ellas. Uy madre. Que miraditas de odio, bueno, el que me tenían pero ahora sin disimularlo. Como siga esto así crean una coalición con la bicha radiactiva para atacarme. Me lo estoy imaginando:
"La liga de la neohosteleras pepineras y la bicha radiactiva versus Pepechu".
Otros me dicen que en realidad lo que estoy experimentando son celos, pero además celos ridículos. Rogativas ando dando en las iglesias del barrio para que la cosa no vaya para adelante y los supuestos entendidos en materias amorosas se queden afónicos hasta el 32 de febrero del año 2100 (eso si no me los cargo antes).
En fin, sea como fuere, yo esperaré a mi amigo cuando la mala mujer que es destroze su buena voluntad y lo deje descorazonado, hundido y triste. Ahí estaré yo. Sin acritud, sin remordimientos, y sobre todo diciendo para mis adentros "Joderos todos. I win again".
Será la edad.
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nu ba dijo
jajajaja... hay cada bicha. Será la edad, tú espera a tu amigo, volverá a ti.
20 Febrero 2010 | 11:34 AM