Yamení, yamení
Hace unos dias me encontré en la calle con mi vecina. Los que me seguís sabréis a quien me refiero y sino os emplazo a que leais el post Documentales de la 2 y emisoras relajantes versus vecinator . Al percibir mi presencia corrió a mi encuentro. Esta escena vendría a ser como un morlaco suelto en plena plaza de asesin.. de lidiar toros con el matador acordándose del santoral para hacerle los primeros pases. Con una agilidad desconocida para mí, mi vecina me agarró cual pinza de batería para coche. Pude sentir sus carnes y todo su ser rodeándome, succionándome y pensaba mientras tanto como leches hacen los fakires para soportar el dolor. La mujer percibe que mi piel empieza a amoratarse al tiempo que mis ojos empiezan a tornarse con las cuencas en blanco. Afloja y la vida vuelve a mí. No he visto el tunel pero tampoco os voy a decir que ando sobrado.
Como la bicha ve que el color cutre de mi piel vuelve comienza a hablar...quiero decir a vociferarme su euforia. El origen de la misma radica en la obtención de un premio de lotería. La cabrona dice que le han tocado 300 mil pavacos en las quinielas. Ala. Y lo grita a los cuatro vientos en un barrio con más delincuencia que grietas en los edificios. Bendita ignorancia.
Yo le digo que me alegro muchísimo por su suerte. Se lo digo sinceramente. No soy de envidias. Mejor que le toque a alguien que lo necesite. Ahora que sabiendo como es ella prefiero no pensar como lo gastará.
Mi vecina me agarra bruscamente del hombro. Se acerca a mi oreja. Me susurra que no ha sido cosa de suerte. La suerte se la ha dado un brujo por teléfono. Alucino. Lo de esta mujer no tiene nombre. Clama a los cielos que ha ganado un pastón y me cuenta en confidencia que ha sido cosa de uno de esos charlatanes.
Sin ánimo de quitarle la ilusión pero tampoco que la lien más uno de esos sacacuartos, la intento explicar que eso no es posible y ha sido una coincidencia. Tan pronto termino de hablar la mujer se queda unos segundos mirándome fijamente sin decir nada. De repente y sin precio aviso me suelta un puñetazo al estómago. ¡Ay!, para que dire nada...
Desde mi doblada posición la nueva favorecida por los hados empieza a decirme barbaridades. Que bien. Golpeado e insultado. Menos mal que no tiene coche.
La mujer saco de su pantalón tienda de campaña un papel y lo introduce en uno de mis bolsillos. Como la veia que dirigia sus manotas a la zona baja me tapo como puedo el paquete. Me alivia ver que me he confundido...
La hermosa gacela sin decirme más prosigue se mete en el portal de la comunidad cerrando de portazo. El dia que tenga diarrea tira el edificio abajo. Esperemos que ese dia esté lejano.
Saco el papel introducido y solo figura un nombre y un número de móvil escrito a boli: parece que pone "Doctor Kanchuyé" . Una sonrisa sarcástica emana de mí, pero no puedo evitar guardarme de nuevo el papel y volverme a casa.
Pasan los dias. Nos volvemos a cruzar. La vecina me guiña un ojo y me dice en voz baja si he llamado. A la mente me viene el golpe de estómago de la última vez. La digo que he estado muy ocupado y no he tenido tiempo. Ella me mira con expresión de decepción al tiempo que insiste en que llame. Antes de que se ponga pesada y le de por golpearme con el tambor de detergente que lleva de la compra me excuso diciéndole que tengo prisa.
Ya en el trabajo comienzo a pensar en el puñetero número y si debo o no llamar. Total, estas llamadas son de un pavo el minuto, si veo que en 3 minutos no me dicen nada concreto corto. Y me estoy pasando de generoso. Coño. Yo creía que tenía más voluntad. ¿Estaré experimentando algún cambio de tipo hormonal sin que yo lo sepa?.
No dejo de darle vueltas al papel. Una tras otra, tras otra....me empiezo a agobiar. Me acerco al lavabo y me mojo la cara para tranquilizarme. Nada. No me lo quito de la cabeza. Decido que al salir del curro hago una llamada rápida y así me tranquilizaré y me convenceré de que estas cosas son un timo.
Salgo del curro y marcho para un lugar apartado donde nadie me pueda oir. Marco apresuradamente pues el número me lo sé de memoria. Suena cinco veces. Me dispongo a colgar y una voz de ultratumba suena al otro lado del móvil.
La voz dice que me estaba esperando desde hace dias. Eso no me impresiona. Eso ha sido mi vecina que le habrá dicho que tiene un nuevo cliente para él. A continuación me dice que mi vida va a cambiar si le hago caso. Me empieza a decir que ponga una vela y un rosario a su alrededor a las 12 y que empieze a decir yamení yamení tres veces durante 10 minutos. Yo que quería un poco de vacile iba a decirle que si no era mejor eso de atletí atletí. Justo en el momento que voy a hablar se corta la comunicación. Leches. Vuelvo a marcar. Y me salta el mensaje de que el número marcado no existe. Repito la operación varias veces y el mensaje se repite. Calma. Debe ser un problema de su compañía telefónica o similar. Con ese pensamiento guardo el móvil y marcho para casa.
Cuando llego a la puerta de entrada. Veo que alguien ha dejado una bolsa. Será una bolsa de patatas del pueblo de la vecina de arriba. Al ver que no había nadie las ha dejado ahí.
Miro en el interior de la bolsa. Una vela y un rosario. Esto ha tenido que ser la vecina que ha hablado con el brujo. Llamo a su puerta pero nadie contesta. Acerco la oreja a su puerta pero no se escucha ruido alguno. Al parecer no hay nadie. Habrá salido. Aunque un poco raro si es porque a estas horas siempre está en casa. Lo sé porque es la hora de uno de sus programas favoritos. Bueno, ya le agradeceré que me haya dejado el material.
Me meto en casa y me encuentro a mis padres en el salón. Me están esperando para cenar.
Obviamente no cuento nada. Bastante vergüenza ajena estoy pasando. Me meto raudo para la habitación para esconder el kit mágico de luxe y ponerme algo más cómodo.
Cenamos. Eso quiere decir que pasados cinco minutos de la finalización de la cena mis padres estarán K.O. Se acuestan los progenitores. Perfecto. Yo hago que hago idem de idem Pongo la vela. Procedo con el ¿ritual, sortilegio, hechizo, conjuro?.
Procedo. Pasan 10 minutos de interminables yamenís. Los últimos tres minutos lo repito con una parsimonia digna de funcionario de hacienda. Miro el móvil. Veo que han concluido los 10 minutos. A tomar por culo. Apago la vela. Abro un poco la ventana de la habitación para que se quite el pestazo cirio. A dormir. Mañana será otro dia como siempre.
Me duermo en cero coma. De repente siento calor y huele como si estuvieran soldando algo.
Abro los ojos. La habitación está ardiendo. Me restriego los ojos aceleradamente. Es cierto. Intento gritar con todas mis fuerzas pero no me sale la voz y las piernas las tengo completamente inmóviles. No me responden. Golpeo con fuerza las paredes. Nada. Me giro y veo la ventana completamente cerrada. Intento abrirla pero ni se mueve el pomo . Muevo mi cuerpo muerto y consigo agarrar un disco de pesas que lanzo en un deseperado intento hacia la ventana, pero no le hace la más mínima mella . La habitación se llena rápidamente de humo. Todo se pone oscuro...tengo sueño...mucho sueño...todo está oscuro...mi cuerpo desfallece....
De repente siento como un zarandeo violento. Abro los ojos nuevamente. Es mi madre. Miro alrededor y veo todo en orden. La vela y el rosario no están. Miro de nuevo a mi alrdedor. Ha tenido que ser una pesadilla. Mi madre me apremia a vestirme. Es tarde y está la situación como para ir perdiendo el curro así como así. Intento disimular el mal trago como puedo y me voy directo al baño. Ducha, café solo. Cojo los cuatros bártulos del curro y andando.
Según me dirijo a la salida del edificio miro en mis bolsillos varias veces. El papel no aparece. Salgo por el portal. Veo al fondo a mi vecina gritando que le ha tocado la lotería. Un momento. Es la misma situación. La misma gente. No puede ser.
Mi vecina gritona pasa a ser consciente de mi presencia, pero yo ya estoy en la otra punta de la calle. Hay cosas que quizás sea mejor no saber y mientras mis piernas me respondan seré pobre pero estaré vivo. Será la edad
