Y yo con estos pelos
16 de septiembre. Se puede afirmar que oficialmente ya estamos la mayor parte de los curritos dejándonos la piel en nuestros trabajos excelentísimamente remunerados. Ya no hay vacaciones. A joderse. Cara de sueño y mala leche todo el dia. Si señor. Adoro la ciudad.
Tras disfrutar de un extenso mes vacacional el impacto con la realidad las primeras 48-72 horas suele ser brutal. En mi caso pasé de la depresión honda y lastimera al odio contumaz de los conciudadanos. Tras hacer ejercicios de relajación y zumbarme tres cervezas comencé mi proceso de mentalización post-vacional. No digo que sea facil, pero hay que intentarlo, cualquier cosa antes que caer en el suicidio o liarse hachazos con el jefe. Eso no, porque que culpa tiene el hacha. Ninguna. Pues eso.
Al mirarme al espejo y ver que no me veía, me dí cuenta de que necesitaba un arreglo capilar o popularmente hablando un corte de pelo. Cuando me crece un poco el cuero cabelludo se me pone cabeza pepino y pinta de kinqui poligonero de esos que para la poli hasta cuando van a comprar tabaco. Y yo no me veo a estas alturas de la vida tatuándome "amor de madre" con una cuchilla oxidada, bajándome las pelis del torete y el vaquilla (seguro que tienen troyanos y hepatitis B) y cantando esa de cómo el aguaaaaa ayyy como el agua. Me veo entonces en una de esas cárceles del pais llevándome hostias de los carceleros, los presos, los perros guardianes, los familiares de los presos cuando vienen a visitarlos e incluso del párroco de la penitenciaría.
Estaba muy claro. Tenía que acudir raudo a una peluquería para volver a ser anodino y repudiado por un sociedad mas quemada que la antorcha humana en las fallas.
Suelo cambiar bastante de peluquería. Básicamente por sentido común y quedar insatisfecho con el resultado del rape. Puede que alguno le halla permitido algún trasquilón o incluso pellizco dado con tijeras con más oxido que el Titanic, pero cuando notas la sangre caliente bajando por un lateral de tu cuello, ves al supuesto cortador con un trozo de algo en sus manos ensangrentado y la señora de al lado tuyo ha caído a plomo y comienza a convulsionar, algo no va bien. No. Desde entonces las gafas me las ponga como me las ponga siempre me quedan torcidas.
Hace no mucho pusieron una pelu nueva unisex. Miento. Han abierto una barbaridad de ellas, pero acudo a esta desde ya hace un par de ocasiones. Me trata educadamente, supongo que lo hará así porque estará drogada, pero mientras haga su trabajo pues para mi perfecto.
Pues ahí me planté. Cerrado. La hija d...peluquera ha puesto un horario de invierno y abre antes pero cierra antes. El colmo. Para mí que lo ha hecho aposta. Ya la pillaré.
Vistas las circunstancias opté entonces por buscar a alguien para atender a mis melenas cameleras de sueño contigo que me has dado...a buscar pelu pues.
El primer sitio pone un rotulaco en verde kiwi "Centro de estética". Sigo entonces para adelante porque ni remotamente veo nada que ponga peluquería...veo debajo una especie de sonrisa tipo monigote de los emanems esos (que estómago por dios pa tragar algo así). Pone algo así como Jrapycut y al lado un cartel que pone oferta corte de caballero X euros. Lo primero que pensé es si debía entrar a no. Desde fuera parecía una tienda de cultivo y venta de semillas de marihuana. El caso es que me aproximé a la puerta. Cerrada. Pulso un timbre varias veces y una chica embutida en una camiseta negra y pantalones de tela me abre. Por cierto, ¿por qué puñetas se visten todos igual?, ¿Es una secta?, ¿uniforme reglamentario?, ¿sociedad secreta con el animo de apoderarse del mundo introduciéndonos microchips cuando nos ponen la espuma esa en la cabeza que impide que durmamos de lado los próximos tres dias a pesar de lavarnos el melón nosecuantas veces?. Temblores tengo.
La longaniza andante me pregunta que qué deseo. Desde luego a ella no. Ni por todo el oro del mundo y que me vea en peligro de muerte inmediata. Contesto que un corte de pelo.
La tía ni corta ni perezosa me mira de arriba abajo. Intenté acordarme entonces de si me había lavado los dientes, pues pensé que no iba a quedarse ahí y me iba a mirar la dentadura y pesarme después. Como a los caballos. Cosas más raras se han visto.
El espécimen se gira todo lo que da de sí, o sea, entre poco y nada y mira a su alrededor. Veo entonces al fondo de la fashión peluquería una señora, que tiene un papel de plata en la cabeza y la está atendiendo otra zumba...otra peluquera. No hay nadie más, que yo vea.
Vuelve entonces a su posición amorfa y me pregunta si tengo cita. Me quedo blanco. Lo primero que hago es pedirla disculpas porque no sabía que eso era una clínica privada y que los cortes de pelo iban destinados a gente con problemas de melón. La cosa con ropa negra me dice que si le dejo unos datos, intentará hacerme un hueco para cortármelo ahora.
Hombre, los huevos se te van poniendo en tono orlando, al ver que la tía no tiene a nadie y la compañera sectaria tiene un conflicto pues duda si le tecla verde del móvil es para llamar o colgar. Si señor. A un 50 %. Viviendo al límite.
Como veo que el brazo me tiembla me echo un poco para atrás. Es una señal inequívoca que de la guantá que la voy a dar la voy a ahorrar la liposucción. Obligo a mi cuerpo a que se detenga y amablemente le digo que voy a buscar un cajero del caixa Tailandia.
Comienzo a andar apresuradamente con el ánimo de apagar mis deseos de acercarme a una gasolinera con un bidón y comenzar a detener la invasión de los ultracuerpos. Tras un rato andando me paro. El problema no está resuelto. Necesito que alguien me arregle el pelo. Me dirijo a buscar otro centro de o lo que mierdas sea con tal de que me atiendan.
Veo un local con mucha iluminación. Señal inequívoca de que hay cerca una farmacia, una tienda de electrodomésticos o una peluquería fashion...también podía ser un sex shop, pero en este barrio lo más atrevido que hay es el Zara.
En esta ocasión dice woolite peluqueros. Así si. Observo que poner la palabra peluquería la consideran peyorativa y barriobajera como si fuese de uso exclusivo de gente antigua, caduca. Ellos en cambio son la vanguardia. El culmen. Los que te ponen igual que en Mad Max y te dejan como el mayor gilipollas de la Tierra. Los tienen cuadrados.
La pelu está vacía. Dos tios de apariencia ambigua (o son abducidos o se han pasado con el valium) son los únicos que están en el interior. Visten de negro y sus rostros reflejan aburrimiento en grado superlativo. ¿A que no adivinaís que me preguntó uno de ellos tras mirarme de arriba hacia abajo y mirar a su alrededor?. Pues si. Que si tenía una puta cita.
Respiré profundamente al tiempo que miraba el secador apoyado junto con las tijeras. Pensé por segunda vez en hacer un favor a la humanidad, pero me contuve. Le dije que porque narices iba a necesitar una cita en una peluquería de barrio que estaba más vacía que mi cuenta corriente. El andrógino pollo estiró el cuello cual jirafa en celo y dijo que esperaban clientela. Me sentí como Julia Roberts en Pretty Woman cuando intenta ir de compras por primera vez por Beverly Hills.
Me marcho por no darle un hostión y resolver su conflicto interno sobre su sexualidad. Decido entonces hacer una útlima intentona en el centro comercial. En este caso es un nombre. Imagino que el dueño de la cadena de sitios estos. Marco Guanchangani o algo parecido. Tampoco penséis que me iba a quedar con el nombre con la tarde que llevaba. En esta veo bastante movimiento y clientela de los dos sexos. Aleluya. Me dispongo a entrar pero una especie de Rott Woalier o como se diga advierte mi presencia y me mira con os ojos inyectados en sangre. Por mi santa madre que lo juro. Y no puedo asegurarlo por el volumen de la música en la peluquería pero yo juraría que estaba rugiendo. No es plan de pillar la rabia, la gripe A y la ausencia de inteligencia por una bicha así. Tocamos retirada.
Vuelvo a casa, con mis liendres de pelo a cuestas y la moral más hundida que cuando Bustamante sacó nuevo disco y pienso que mi peluquera puede poner el horario que le salga de los ovarios porque lo que es a mi me va a tener por cliente incluso después de su jubilación. Señor haz que esta peluquera viva más de 150 años. Amén. Será la edad


lisi dijo
Yo te entiendo. Y ya has conseguido cortarte el pelo?
18 Septiembre 2009 | 12:42 PM