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La Coctelera

pepechu

Que le vamos a hacer si son cosas de la edad

7 Agosto 2009

Un dia en el parque acuático (one fucking´s piscinatio day part 2)

 

Tras salir escarmentado y requetescarmentado de la piscina púbica..digo pública. Mi huevo y el resto de mi persona decidimos no volver por aquellos parajes.

Así fue. El problema es que me gusta darme un chapoteo y si no quedan más cojones,  pues habrá que apañarse con lo que hay.

De la anterior experiencia saqué una valiosa enseñanza: mi huevo y yo hemos tenido un problema comunicativo. En un alarde de reconocimiento por mi parte hacia la suya le puse el nombre de Amelio. Me vino a la cabeza la canción del niño cabezón ese...Marco.  La cancioncilla era: "mi mono Amelio y yooo...." , pues, adaptación libre: "mi huevo Amelio y yooo..."

No es que quiera marginar a mi otro huevo, pero Amelio quiere una relación de mayor cercanía y debo corresponder. Ya nos ocuparemos del otro cuando formalizemos esto.

En esta ocasión el problema del bermudas lo subsané yendo (del verbo yender pretérito imperfecto de subjuntivo voz pasiva a 3G) a un centro comercial y dejándome los cuartos en un bermudas negro y unas mayas de ciclista. El objetivo estaba claro: ni Amelio ni su compañero sin nombre iban a volverme a joder el dia.  Compruebo que son mi talla y pago: hago un breve parón para haceros reflexionar de que si ya un bermudas puede oprimiros ciertas partes de la anatomia y hacer panza el doble de la existente, imaginaros lo que supone un elemento contractor añadido al elemento bañador.  Las lorzas se te ponen en plan acordeón (pajaritos por aquí, nanana). y la movilidad tiene signos de parecerse a C3PO o un submarinista uzbeko buscando camarones entre las rocas de Gibraltar. 

Todo esto lo descubres al dia siguiente cuando eres consciente de que tu movilidad parece el resultado de montar a pelo a través de todo el desierto de Almería (Almeria´s garden).

Otro en mi lugar hubiera hecho lo más lógico: media vuelta y a casa. Pues no. Adelante, si la selección pudo ganar la Eurocopa, yo también formo parte de esa raza de campeones que se sobreponen a las circunstancias.

El parque acuático está fuera de la city of escombros, obras, maldita guerra del 14 y las zanjas...para ello hay que desplazarse hasta el centro, donde se sube a un autobús puesto por las instalaciones para aquellos que como la gran mayoría no disponemos de medio de locomoción  propio,  tenemos el auto en el taller desde hace tres meses, nos han quitado todos los puntos,( incluidos los del huevo Amelio), etc,etc.

El autocar es de esos tipo carraco viejo, con la palanca de cambios rodeada de cinta aislante, fruto de un intento de arrancarla y golpear con la misma al conductor amigo del tinto tetrabrick.

A la hora de subirse en este tipo de autobuses gratuitos, en los que la gente accede por cualquier sitio y sin control, es decir, no hay respeto de cola ni nada. Hay que seguir una serie de consejos básicos:

- Debemos poner los brazos en posición doblada y con los codos fuera. Si no procedemos de esa forma la señora portadora de la nevera familiar nos dará un viaje a la media vuelta en el estómago y quedaremos doblados faltándonos el aire.

 

- Las piernas ligeramente flexionadas. Es una época en la que somos vulnerables a nivel de pie. Intentarán bajo cualquier concepto pisarnos.  Ante la intención o asomo de esa circunstancia, se debe golpear en la entrepierna del susodicho/a con rapidez con el fin de pasar desapercibido para los demás y poder negarlo si las cosas se pusiesen feas.

-Si nos empujan debemos aguantar la presión hasta el último momento. En ese instante en un movimiento rápido procederemos a apartarnos y el ser empujador golpeará, empujará o caerá, en cualquier caso, le saldrá el tiro por la culata.

Una vez ya posicionados y manteniendo a raya a la mater neveras, al bakala politono y el carterista con dos dientes menos, mantenemos la posición defensiva e intentamos disfrutar del viaje. Si es que eso es posible.

Finaliza el trayecto y la marabunta urbana desciende abuptamente. Comienza una carrera al asalto de las taquillas. Esto si es una estampida, ya quisieran en la Maratón de Nueva York. Lo mejor en estos casos es ver los toros desde la barrera. Ya entrará uno más tarde o más temprano.

Una hora y cuarto más tarde (three hours), pagamos religiosamente y dejamos la mochila hortera con las pertenencias importantes en consigna del vestuario. Nos quedamos con la toalla esparto y la llave de la consigna que guardamos dentro del bolsillo con cremallera del bermudas. Soltamos la toalla en el primer trozo de césped que vemos y hacemos caso omiso de la señora de la nevera a la cual se le ha quedado nuestra toalla a modo decorativo burka.

Empezamos por los toboganes pequeños.  Esos que hacen como la bolsa estadounidense. Subimos una rampa y arriba un maromo con gafas terminator, moreno obra cuevas de Altamira y voz ronca de repetir una y otra vez que hasta que el semáforo no se ponga en verde no nos tiramos. Nos ponemos en el principio del tobogán y al ponerse la luz verdenos damos impulso. Avanzamos entre 10 y 15 centímetros. A pesar de que hacemos fuerza con los brazos no nos movemos. El piadoso terminator viendo mi encallada situación me empuja con fuerza, momento en que mis nalgas peludas conocen la luz veraniega al tiempo que mi vergonzoso descenso es inmortalizado a uso de cámara digital por polígoneros adoslescentes. Al llegar al final recompongo mi privacidad. El socorrista situado en la parte baja aguanta amoratado la risa. Es lo mejor que puede hacer.

Cambio de escenario con el ánimo de perder de vista a todos mis nuevos fans de youtube.  Me subo a ese peazo tobogán con forma de espiral, mega-gigantesco. Rampa pa´rriba y a esperar el semáforo. En esta ocasión te tienes que tumbar completamente y cruzar los brazos tipo momia. El retardo que tenía en el anterior tobogán no lo tengo en este.  Pillo más velocidad que un supusitorios para caballos en una pistola. Y cada espiral más velocidad y vienen tres rampas. Empieza a venirme el agua a la boca que  ni en Titanic. Segundos interminables de agonía en los que no respiras y no ves un carajo hasta que caes a plomo en una piscina y brazeas desesperado en busca del aire que aprecias más que tu propia vida.

Emerges y lo primero que vez es a un niño de tres años diciéndole a su madre que es el gordo con el culo tan feo. Salimos de la piscina y propiciamos la caída del niño al agua, y así propiciamos la distracción y dejamos de ser el centro de atracción y tiro a horcajadas, para una de largo recorrido con neumáticos. Rampa y me facilitan un neumático tipo los calamares que ponen en Vallecas, Tomo impulso y bajo como una especie de rápidos y me deslizo rebotando como una pelota de pin ball y girando sin parar. Intento frenar pero estoy encajado. Los golpes se suceden. Encima aparecen chavales con ganas de juerga rebotando contra mí viendo mi más que notable indefensión. Agito piernas y brazos al tiempo que no dejo de girar. Llega un rampa previa al final que me da la vuelta y me enentro encajado boca abajo ahogándome y arriba mis nalgas conocen nuevamente la luz y respiran por mi.

El socorrista intenta darme la vuelta. Pero mi masa corporal le resulta imposible de mover. Opta por empujar mis nalgas con un palo a distancia. Se produce un sonido tipo el descorche de una botella de champán. Emergo nuevamente y poto a los pies del socorrista. El hombre,  lejos de echarme la charla me ayuda a incorporarme y tras comprobar que estoy bien, me recomienda que me quede un rato secándome y tranquilizándome.

Yo digo que si a todo con la cabeza, mientras se me pasa el mareo me acerco a otra zona. En esta ocasión. Cojes un corcho y te pones sobre el y ¿disfrutas? de las olas que se producen en una gran piscina. Yo que ando medio mareado cojo el corcho y me pongo sobre el esperando que empieze el oleaje. Cierro un momento los ojos y cuando los vuelvo a abrir el corcho adquiere vida propia y se desliza de mi panza. La piscina cubre y a cada ola la tabla se aleja más. Una abnegada socorrista  (Dios os tenga en cuenta en la siguiente vida) desde la orilla y ayudada de un gancho me acerca el corcho. Me agarro a él con todas mis fuerzas pero las olas lo mueven de modo que lo único que hace es golpearme la jeta.  Aguanto el chaparrón de corchadas y consigo llegar a la orilla. En ese instante descubro que Amelio y mis nalgas son poco partidarias  de ir enfundados. Será la edad

Tags: sera la edad

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