Rebajas verano 2009
Menos cinco. La gente se apretujaba los unos contra los otros cual tubo dentífrico dispuesto a lanzar su chorro anti-sarro contra las cerdas (las del cepillo). En el otro lado un figurín tieso cual poste de la luz aguantaba con pulso envidiable el nuevo modelo de cámara digital al tiempo que plasmaba imágenes de una rutina anual. Sus jefes deben ver que la plebe acude en masa a la llamada de productos manufacturados para la ocasión pero expuestos como auténticas gangas. Las verdaderas gangas se las han repartido entre las diversas secciones para su uso propio o encargos de amigos y familiares.
Puestos ya en antecedentes volvamos a esa turba aborigen de tierras asfaltadas a marcha de tortuga coja. Los empujones comienzan. A su vez son respondidos con contundentes codazos. Aquí es donde se ve la brega y como las veteranas meten golpes de cadera y defienden su puesto mejor que en una refriega popular. El reloj marca la hora y las puertas son abiertas al unísono. Es en estos momentos cuando estableces la comparación inevitable con la apertura de una presa para evitar su desbordamiento.
Como todos los años la mamona de cosméticos ha puesto un estante de pintalabios nada más entrar. La estampida humana engulle el mueble como si nada. Solo podemos percibir el sonido estruendoso del griterío colectivo y el sonido de las barras de labio, ahora reconvertidas en pintapiés.
Los consumidores toman al asalto las escaleras mecánicas tanto en el sentido de subida como en el de bajada, pero con el único propósito de subir las plantas lo antes posible. Nada de ascensores, que siempre se queda uno atrapado entre dos plantas y de las 15 personas que entran los bomberos solo consiguen rescatar con vida a tres y dos de ellas quedan con secuelas sicológicas para el resto de su vida internadas en centros especializados para víctimas de las rebajas.
Las trabajadoras con experiencia en estas lides permanecen tranquilas. No así los chavales contratados exclusivamente para esta campaña. Las niñas tiemblan. Ellos se colocan una huevera tipo rugby en los mismos, porque cuando dos personas cojen la misma prenda y el dependiente-novato intenta terciar, su zona escrotal es utilizada como saco de boxeo.
En el caso de los probadores podemos observar como debajo del mostrador hay escondida una petaca con ginebra (son muchos dias) por eso no hay que extrañarse cuando nos parezca que la señora está como mareada y pensamos que es fruto de las miles y miles de prendas arremolinadas en torno a su persona. Está hasta el culo de valium y ginebra que mezclados nos dan una idea de cómo componen ciertos grupos pop.
Otra de las características notables tipo ley de Murphy sería lo que se compra. Me explico. Nos gusta la prenda A, nuestro metabolismo (llamémoslo así) es de la talla tal. Hasta ahí todo perfecto, pero después de haber mirado el perchero nosecuantas veces preguntado a los dependientes, que hacen el amago de irte a mirar la prenda al almacén, para decirte que no la tienen y lo que hay es lo expuesto y si lo deseas vengas dentro de una semana que recibirán más (pinocho me vas a sacar un ojo). Curiosamente, encontramos todas las prendas de esa talla en el color que no nos gusta, o de una talla menos en el intencionado. Es entonces cuando cojemos una de la talla menor con la gama cromática que nos atrae y la otra con el color pistacho que nos recuerda que el Amazonas está en peligro por prendas como esta. La probamos para ver como nos quedaría esa talla, sabiendo de sobra que es la que nos queda bien.
La prenda que nos gusta nos queda tremendamente ajustada. Los pliegues de lo que un dia fueron abdominales toman su protagonismo en la imagen proyectada en el espejo probador. Tras un conato de querernos cortar las venas con el cortaúñas recobramos la serenidad y también el color natural de la piel, pues la compresión de la prenda en sí misma, estaba provocando en nuestro metabolismo un color más propio de personas que han pasado a mejor vida, incluidas las víctimas del ascensor. Pasamos a probarnos el horr...estooo la prenda del otro color. Como un guante, hasta nos hace más esbeltos, sobre todo porque no hay ser humano en este planeta que sin recibir entrenamiento especial por la CIA capaz de mirar fijamente la prenda sin tener ataques epilépticos. Salimos del probador y la amable choni-dependienta que lleva comisión de ventas nos aconseja con una sonrisa de oreja a oreja la adquisición del experimento sobre la anti-materia. Sus palabras amables y sonrisa embriagadora vencen nuestra penosa resistencia cimentada en estereotipos anoréxicos y cuerpos de photoshop, pero suena tan agradable que alguien te hable como a un ser humano y te diga que estás dentro de la sociedad de la moda que la paga extra de julio te la fundes en menos que canta un gallo. El diablo se viste de viste de Prada y los ángeles son horteras. Será la edad.
